Cuerpos presentes, mentes ausentes... conoce la Disociación sexual

 Cuerpos presentes, mentes ausentes: la disociación sexual en mujeres (y el fantasma de la culpa)

 Por tu Psicólogo ConSentido


En el ambiente swinger, vemos mujeres hermosas, sexys, decididas… cuerpos que gritan “¡Estoy lista para el placer!” pero mentes que susurran “¿Estará mal esto?”, “¿Qué diría mi madre?”, “¿Y si me estoy pasando?”

Alerta de Spoiler: ¡¡No!!, tu madre no está debajo de la cama y tampoco hay un ángel con libreta anotando tus posiciones favoritas.

Este fenómeno se llama disociación sexual y es más común de lo que parece. Las mujeres, desde muy jóvenes, han sido condicionadas para complacer, para ser “la correcta”, para no ser “una cualquiera” (como si eso viniera con instructivo).

Entonces, en el acto sexual, incluso en espacios de apertura como el swingerismo, muchas logran encender el cuerpo, pero dejan la mente en modo avión o, peor, en modo juicio moral.

 

“Mi cuerpo aquí, mi cabeza con padres que me decían que el sexo era sucio, con el ex que decía que eso significa ser una “fácil”, con la sociedad que me enseñó a fingir orgasmos, pero no llegar al placer.”

¿Y luego nos preguntamos por qué no disfrutamos del momento?

Porque muchas veces se vive el sexo desde la obligación de lucir bien, rendir como actriz porno, y no desde el derecho al disfrute auténtico.

 

 ¿Qué se puede hacer?

                1.            Terapia, claro (no solo porque soy psicólogo, pero también ayuda).

                2.            Espacios de diálogo con la pareja: el consentimiento no solo es “sí” o “no”, también es “cómo me siento”.

                3.            Reeducarse sexualmente: placer, deseo y disfrute no son sinónimos de “ser una mala mujer”.

                4.            Recordar que la culpa es como la tanga incómoda: Que no debería estar ahí incomodando y solo arruina el momento.

 

Tips aplicables en eventos o encuentros Swinger:

                             Antes del playroom, regálate unos minutos a solas o con tu pareja para conectar con tu cuerpo: respiración profunda, masajito, o simplemente mirar tu reflejo y decirte “Estoy aquí porque yo quiero, y eso es suficiente”.

                             Lleva una palabra clave contigo (como si fuera un mantra): “presente”, “placer”, “libertad”. Cuando notes que tu mente se va, repítela como quien jala la cuerda y se trae de vuelta.

                             Evita compararte con otras mujeres en la fiesta. La lencería más sexy no siempre lleva el orgasmo más rico. Céntrate en cómo te sientes, no en cómo luces.

                             Dale prioridad al aftercare, aunque sea breve: una mirada, una caricia, una palabra que te ancle y te recuerde que no hiciste nada malo, hiciste algo deseado.

                             Haz acuerdos pre y post juego con tu pareja donde puedas expresar cómo te sentiste sin miedo a juicio. El deseo compartido se fortalece cuando se habla desde la vulnerabilidad.

En resumen: no basta con estar desnuda… hay que estar presente. Cuerpo, mente, vagina y clítoris en la misma página. Porque sí, puedes estar en el playroom con luces tenues, música sensual, lencería matadora… pero si en tu mente estás pidiendo perdón a los santos o evaluando tu celulitis, te estás perdiendo de lo más importante: el aquí, el ahora y el orgasmo.

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