Cómo No Quedarte con las Ganas

Cómo No Quedarte con las Ganas en el Mundo Swinger y Disfrutar Cada Gota del Deseo

Por tu Psicólogo ConSentido


Lo peor que te puede pasar en una noche swinger no es que se te acabe el lubricante…

Es quizás, quedarte con las ganas...

Ese saborcito frustrante de haber deseado con todo el cuerpo, pero no atreverte a dar el paso. Miras a esa pareja espectacular, sientes la temperatura subir, te muerdes el labio… y luego viene el clásico: “me dio pena”, “no sabía si sí querían”, o “esperé y ya estaban ocupados”. ¡Ay!

Tranquilo, respira, es muy común para casi todas las parejas del ambiente experimentarlo. Si, Todos hemos pasado por ahí...

Pero hoy vamos a hablar de estrategias que podrían ayudarte a evitarlo. Porque si hay un lugar donde los deseos se celebran, es en este maravilloso ambiente:


1. Atrévete a mirar… y a decirlo

Las miradas dicen mucho, sí. Pero en el ambiente swinger, la palabra excita más que el escote. Si algo te atrae, dilo. Un “Hola, los vimos desde que entraron y nos parecen muy sexys” puede abrir puertas, piernas… y posibilidades. Sé directo, sensual, pero sin presionar.


2. Detecta el “sí” antes del “quizás”

En este juego, el consentimiento se da con palabras, cuerpos y sonrisas. Si dudas, pregunta. Si no fluye, sonríe y sigue tu noche. Aquí no hay rechazos, sólo elecciones. Y lo más excitante de todo: el “no” también calienta cuando se da con elegancia.


3. Ten un Plan A, B y lubricante

A veces, una pareja se va con otra, alguien se cansa, o simplemente no cuaja. Por eso, no pongas toda tu libido en una sola canasta. Coquetea, conversa, deja semillas de deseo por ahí. El mejor encuentro muchas veces es el que no planeaste.


4. Juega desde antes

El deseo no empieza en la cama, sino horas antes. Un mensaje caliente, una fantasía compartida, un “te voy a ver esta noche” con picardía… Todo eso alimenta el erotismo. Porque lo que más enciende en este mundo, es sentirte deseado/a incluso antes de tocar.


5. Y si no pasó… que igual te lo hayas gozado

Quedarte con las ganas no siempre es un fracaso. A veces, es un adelanto. Una provocación. Un “para la próxima”. El truco está en que el placer no depende del otro, sino de cómo tú vives la experiencia. ¿No hubo sexo? Pero hubo risa, miradas, caricias. Y eso también cuenta.


Así que la próxima vez que entres a una noche swinger, no vayas a buscar acción mejor ve a vivir el deseo. Lo demás… vendrá solo. Y si no, igual saldrás con una enorme sonrisa… o al menos, con una historia para calentar la ducha, la cama o donde se les antoje con tu pareja.

Recuerda: "El cuerpo pide, pero el alma decide. No te quedes con las ganas. Aprende a pedir… con estilo"


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